La formación en las empresas españolas en la actualidad.

shutterstock_2876061La actual situación de crisis nos presenta un panorama en el que la mayoría de las medianas y grandes empresas de nuestro país, han reducido sus presupuestos de formación. Si a esto unimos el amplio porcentaje de pequeñas y medianas empresas que ni siquiera invierten en formación, puede parecernos desolador.

Los datos de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo nos indican que, pese a que la cifra de empresas participantes en Formación de Demanda aumentó en 2013 en un 4% respecto a 2012, la cifra global final sigue siendo baja respecto a otros países como Alemania o Francia.

Sin embargo hemos de ser conscientes de la importancia de la formación, porque ante todo es una inversión, y como tal repercutirá en el futuro de la compañía, haciéndola más competitiva y con capacidad de adaptación a los cambios del entorno. En la situación actual, en la que el escenario en el que interactúan las empresas ha cambiado de repente (…o no tanto), la demanda es innovación, flexibilidad y adaptación a nuevos mercados, con nuevos productos o servicios en muchos casos y siempre con nuevos procesos que busquen un mayor ahorro de costes y mayor eficiencia. Esto sólo serán capaz de planificarlo y ejecutarlo las plantillas que estén mejor preparadas, más cualificadas y profesionalizadas. Hablamos de las plantillas que hayan logrado tener una composición de lugar de su negocio, un “amueblamiento” mental de todas las piezas que suponen desarrollar su trabajo y saber lo que implica en la organización. Todo esto sólo se consigue con formación continua y constante de los trabajadores.

Desgraciadamente la mayoría de las pymes de nuestro país no son conscientes aún de esta necesidad. ¿Para qué han servido todas las subvenciones de formación empresarial de oferta? ¿No deberían haber supuesto un “enganche” a la formación? ¿Un cambio de mentalidad hacia la importancia de la misma? ¿Una demostración de que utilizándola año tras año, con la ayuda de las subvenciones, las empresas terminarían por ver su utilidad práctica?

La realidad es que aún nos queda un largo camino para recorrer, y no sólo es labor de los responsables de formación o de recursos humanos de las empresas el promocionar sus planes de formación, porque es en los gerentes y directores generales de las pymes donde reside la máxima responsabilidad de crear este hábito en la política cultural de su empresa. Porque la riqueza de un país la marca su tejido empresarial, y el nuestro está marcado por una mayoría de pymes.

Sí, entendemos que en una situación en la que se ha destruido un tercio de la industria española debido a esta crisis prolongada en el tiempo, es difícil pensar en formación y la prioridad es el ahorro. Pero la inversión en actividad de marketing y comercial junto con la formación es lo que dará una base sólida para salir de esta situación fortalecidos y con alternativas competitivas e incluso de motivación para los recursos humanos.
Para una pyme pensar en un plan de formación es como pensar en una departamentalización que cree que no tiene porque sólo piensa en su cuenta de resultados y su dimensionamiento. Pero, al igual que debería planificar y presupuestar su plan de marketing, también debería tener su plan de formación, por supuesto ajustado a su capacidad, pero continuo en el tiempo.

La “apuesta por la formación” no es sólo unas palabras utópicas, no es sólo un añadido para la empresa en tiempos de bonanza, debemos verlo como una herramienta imprescindible para alcanzar unos objetivos, y por ello debería tener asignada una partida presupuestaria. La FTFE ha de difundir mucho más las características de su sistema, por muy complicado que parezca a priori y por muchas críticas que pueda recibir debido a su especial orientación hacia las grandes empresas, pero está ahí y existe, y es lamentable que aún sea ignorado por una gran mayoría de empresas.

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